DOCTRINA ANABAUTISTA

Confesión de Fe de LIEAB

1

Dios

Creemos en un solo Dios, santo y amante, lleno de gloria, poder y sabiduría, quien vive en eterna Trinidad como Padre, Hijo y Espíritu Santo. Dios, quien creó y sostiene el universo físico y espiritual, desea una relación con nosotros.

a. Características de Dios

Nuestro Dios es un Dios maravilloso, y solo él es digno de nuestra alabanza, nuestra adoración y nuestra fidelidad. Dios es soberano y no tolera rivales. Dios es santo y llama a todas las personas a ser imitadores de su santidad. Dios es amor y los que le aman deben reflejar el carácter de su creador. La grandeza superada de Dios significa que la vida de Dios nunca fue creada, nunca terminará, da vida, es omnisciente, omnipresente; omnipotente y está libre de cumplir sus divinos propósitos. Tenemos el privilegio de conocer a Dios, aunque no lo entendemos completamente. Dios sigue siendo el Rey soberano del universo, quien reina en gloria radiante, poder majestuoso y sabiduría inmensa.

Éxodo 20:1-6; Salmos 90:2; 113:2-6; Isaías 40:28-31; Mateo 19:26; Efesios 2:4-5; 1 Corintios 8:6; 1 Timoteo 6:15-16; 1 Pedro 1:15; 1 Juan 3:20

b. Trinidad y Deidad

Dios es el único Dios verdadero quien exige nuestra lealtad y devoción completa. Dentro de la unión del ser de Dios hay una armonía de relación triple. El Padre reina, planea, inicia, crea, cuida y juzga la creación. El Hijo llegó a la tierra para enseñar, sanar, sufrir, morir, resucitar y redimir. El Espíritu Santo habita, fortalece, resurge, transforma, bendice y guía a la nueva creación. Las personas de la Trinidad unen las actividades de Dios, las cuales crean, redimen y dan vida desde la creación hasta la nueva creación. El Padre mandó al Hijo, quien dio el Espíritu a la iglesia.

Deuteronomio 6:4-6; Mateo 28:18-20; Juan 1:14,18; 5:21-23; 14:15-17; 20:31-32; 1 Corintios 2:10; 2 Corintios 13:14; 1 Pedro 1:2; 3:18; Apocalipsis 22:17

c. Creador y Sustentador

Al principio Dios creó el cielo y la tierra. Dios habló y el universo fue formado de la nada. Dios el Padre, Hijo y Espíritu Santo participan en crear y mantener al mundo. La creación expresa el pensamiento de Dios, como una pintura expresa el pensamiento del artista. Dependemos de Dios por el suelo, aire, agua, alimento, refugio, amigos y vida en sí. Dependemos de la providencia de Dios para preservar la vida, para capacitar nuestras acciones y para guiamos a sus propósitos de redención. Todas nuestras bendiciones vienen de la bondad y de la gracia de Dios.

Génesis 1:1-2:4; Nehemías 9:6; Salmos 104; Isaías 44:1-6; Juan 1:1-3; Hechos 14:15-17; Colosenses 1:15-20; Hebreos 11:3

d. Relaciones de Dios

Dios anhela intensamente tener una relación personal con todas las personas. Podemos descubrir la plenitud de la vida, si entramos en una relación de alianza con Dios por medio de Jesucristo, por toda la vida. Conocer a Dios de esa manera íntima, implica el corazón, el alma, el espíritu y la voluntad. Nuestro amor a Dios va a reflejarse en nuestra fe y nuestra obediencia al que nos amó, primeramente.

Génesis 12:1-3; Deuteronomio 7:9; Salmos 23; Marcos 12:29-30; Juan 3:16; 1 Juan 3:1; 2 Pedro 3:9

2

Creación

Creemos que todas las personas son hechas a la imagen de Dios con la capacidad de hacer decisiones morales y con la responsabilidad de dominar sobre la creación. Dios desea que toda vida humana empiece en familias, donde el esposo y la esposa se juntan para toda la vida en un convenio bajo la autoridad de Dios.

a. Imagen de Dios

Dios creó al hombre y a la mujer como portadores de su imagen. Somos representativos de carne y sangre aquí en la tierra del Dios invisible en el cielo. Los seres humanos somos creaciones compuesta de cuerpo, espíritu, voluntad, emociones y alma. Como portadores de la imagen de Dios, todas las personas merecen respeto y tienen valor. La dignidad y el valor que vemos en las personas, están basadas en el valor de Dios y no en la cualidad de relaciones, moralidad, espiritualidad, sabiduría o habilidades físicas de las personas.

Génesis 1:26-28,31; 2:7; 9:6; Salmos 8:4-5; 139:13-16; Hechos 10:28; Colosenses 3:10-11; Santiago 3:9-10

b. Elecciones morales

Dios creó a las personas con la libertad de hacer sus decisiones morales. Libertad de hacer decisiones morales incrementa la responsabilidad personal de fe y obediencia, esperanza, trabajo, amor y compasión. Sin embargo, la libertad humana está limitada por la voluntad soberana de Dios. Estamos libres en verdad, si tomamos nuestras decisiones en obediencia hacia Dios y cumplimos los propósitos de Él. Relaciones honestas con Dios y con los demás, implican los riesgos y recompensas de decisiones que fueron hechas con libertad. La libertad humana se expresa mejor en el amor hacia Dios y al prójimo.

Génesis 2:15-17; Josué 24:14-15; Isaías 1:16-20; Habacuc 2:4; Marcos 12:30-31; Romanos 12:1-2; Hebreos 11

c. Mantener la creación

La tierra es del Señor. La creación de Dios fue designada como don para todas las criaturas, un hogar para la gente, un lugar de bendiciones y una tierra de paz. Dios bendijo a Adán y Eva en el huerto con alimento, espacio y fertilidad. Junto con el don viene el llamamiento de Dios de ser fructíferos y responsables con la creación. La obediencia a Dios trae bendiciones sobre la creación, pero la desobediencia a Dios vuelve la creación en contra de nosotros. Entonces hacemos obras buenas, tomamos decisiones sabias y vivimos un estilo de vida consagrada al expresar nuestra gratitud por los dones bondadosos de Dios.

Génesis 1:26; 2:4-25; 9:2; Números 35:33-34; Deuteronomio 28; Levítico 25; Salmos 8:6-8; 24:1; Colosenses 3:17

d. Familia

El propósito de Dios, es que el matrimonio sea un pacto para toda la vida, donde un hombre y una mujer dejen a sus padres para formar una relación estable, unida e íntima. Dios diseñó a la familia donde los padres provean las necesidades físicas y espirituales de los hijos. La familia fue diseñada para dar la bienvenida a los niños, para dar respeto a los ancianos y para bendecir a los solteros. Los padres son llamados para enseñar a sus hijos a conocer y servir a Dios. Los cristianos son llamados para vivir como hermanos y hermanas en la familia de Dios y preocuparse especialmente por las personas que no tienen conexiones familiares.

Génesis 1:26-28; 2:18-25; Deuteronomio 6:6-9; Salmos 127:3-5; Mateo 19:3-9; 25:35-45; 1 Corintios 7:32-35; Efesios 5:21-33; Colosenses 3:18-21; 1 Pedro 5:5; 1 Timoteo 5:8

3

Pecado

Creemos que el pecado es un rechazo del mandamiento de Dios, que empezó con la rebelión de Satanás, seguido por la libre decisión de desobedecer a Dios. A causa del pecado, todos quedaron separados de la voluntad de Dios, creando así un conflicto con Dios, consigo mismo y con otros. El castigo del pecado es la muerte física y espiritual.

a. Pecado

La dignidad de todas las personas está en completo contraste con la profundidad del pecado humano. El pecado de Adán y Eva constituyó rebelión contra el mandamiento de Dios. Con un acto destructivo toda la humanidad cayó en la trampa del pecado. Pensamientos, sentimientos y actos pecaminosos fallan en seguir las direcciones de Dios. El pecado distorsiona las relaciones humanas, dejándonos con comunidades quebradas. El pecado es una influencia poderosa que nos tienta a hacer decisiones que están en contra de la voluntad de Dios.

Génesis 3:1-24; Deuteronomio 28:1,15, 38-48; Levítico 19:2; Salmos 51; Jeremías 31:30; Romanos 5:12-14; 7:16-25

b. Ángeles y Satanás

Compartimos el mundo con seres espirituales que influyen en nuestras decisiones morales. Los ángeles fueron creados para servir en la corte de Dios, llevar mensajes de Dios, luchar contra poderes malignos y para servir a los santos. Los demonios se rebelan contra Dios buscando la manera de esclavizar al mundo con lo malo. Satanás es el adversario principal de Dios. El reino oscuro de Satanás intenta conquistar el reino iluminado de Dios por medio de mentiras, destrucción y muerte.

Isaías 6:1-8; Daniel 10:12-14; Mateo 12:28-29; 2 Corintios 4:4; 10:3-6; 11:14-15; Colosenses 1:16; Hebreos 1:14; Santiago 4:7; 1 Pedro 5:8-9; Apocalipsis 5:11; 12:7-12

4

Revelación

Creemos que la Biblia es inspirada e infalible Palabra de Dios, la autoridad final de la fe y la vida. La revelación de Dios en el Antiguo Testamento por la creación y el pacto era la preparación para la suprema revelación en el Nuevo Testamento a través de Jesucristo.

a. Revelación general

Dios se revela a todas las personas por medio de la creación, la historia y la naturaleza humana. El genio creativo de Dios es evidente en la belleza de la creación. El sol, la luna, las estrellas, la tierra, las plantas y animales, reflejan la gloria de Dios. Los propósitos de Dios pueden ser descubiertos en la historia. El patrón de eventos en la vida de las naciones e individuos revela que Dios está obrando. La naturaleza personal de Dios y sus principios morales se ven en las personas. En seguir a sus consciencias y deseos de adoración, las personas experimentan miradas del Dios Santo. Esas revelaciones de Dios son muy frecuentes, pero encubiertos en misterio. Por los ojos de fe, vemos evidencia abundante que Dios está buscando una relación con la raza humana pecadora.

Génesis 1,2; Job 12:7-10; 38-42; Salmos 19:1-6; 139:13-18; Hechos 17:22-34; Romanos 1:19-21; 2:14-15; 1 Corintios 2:7-16; 2 Corintios 3:2-3

b. Palabra de Dios

Habló el Dios vivo de la Biblia. Dios habló y de la nada surgió la creación. Dios habló y entró en un convenio permanente con Abraham y sus descendientes. Dios habló y la ley estaba escrita para guiar al pueblo de Israel en su esfuerzo de santidad. Dios habló y los profetas declararon con convicción apasionante lo que el Señor dijo acerca de la justicia; honradez y como caminar humildemente con Dios. Dios habló y la Palabra llegó a ser una persona viva, la suprema revelación de Dios - Jesucristo. Dios habló y ofreció dirección a la primera iglesia a través de los apóstoles. Dios habló del juicio prometido y de la esperanza del regreso de Cristo en el futuro.

Éxodo 3:14-16; Deuteronomio 4:9-14; Salmos 119:105; Jeremías 1:1-10; Juan 1:14-18; Colosenses 1:15-16; 2 Pedro 1:20-21; Hebreos 1:1-2; 11:3

c. Autoridad de la Biblia

La Biblia es la única palabra y autoridad escrita de Dios. Los escritores, inspirados por el Espíritu Santo, fielmente apuntaron las palabras y acciones de Dios en la creación, en Israel, con Jesús y en la iglesia primitiva. La Biblia es la revelación de Dios dirigida a enseñar a la gente a vivir fielmente y para guiarnos a la vida eterna. Las palabras de la Biblia, por el poder del Espíritu Santo, crean una comunidad de fe, que refleja el carácter del autor.

Salmos 119; Isaías 40:8; 2 Timoteo 3:16-17; 1 Pedro 1:24-25; 2 Pedro 1:20-21

d. Leer la Palabra

La Biblia fue escrita para instruir e inspirar a los creyentes hacia la fidelidad. La meditación en la Biblia imparte la sabiduría de Dios en cuanto el Espíritu clarifica el significado de las palabras y dirige en la aplicación. La lectura de la Biblia trae consigo una sumisión cuidadosa al texto en su contexto cultural, sea historia, la ley, poesía, sabiduría, profecía, milagros o cartas. Una lectura significativa de la Biblia tiene su enfoque en Jesucristo, el Mesías prometido en el Antiguo Testamento, la Palabra de Dios en el Nuevo Testamento y la fundación de la Iglesia para todas las generaciones.

Josué 1:8; Nehemías 8:8; Salmos 1:2-3; Juan 16:7-8,13-15; Hechos 17:11; 1 Corintios 2:6-8,12; 2 Corintios 3:2-3; 2 Timoteo 2:15; 3:16; Hebreos 1:1-2

5

Jesucristo

Creemos en Dios el Hijo, el Señor Jesucristo, completamente Dios y completamente humano, quién proclamó la orden de Dios, vivió una vida sin pecado, resucitó en cuerpo de la muerte, ascendió al cielo y reina como Señor de todos.

a. Dios el Hijo

Jesucristo nuestro Salvador es Dios de toda la eternidad. El Hijo es miembro de la Trinidad, amado por el Padre y activo en la creación y en la redención. Él es la representación exacta de la naturaleza y del carácter de Dios. El Hijo es el creador de los cielos y de la tierra quien vive eternamente. Dios mandó al Hijo a la tierra para salvar a los que creen en él.

Lucas 1:35; Juan 1:14; 3:16-18; Colosenses 1:15-20; Hebreos 1:1-2,8-12

b. Dios con nosotros

Dios el Hijo llegó a ser humano completamente para identificarse con un mundo perdido, que estaba muriendo. María, la virgen, concibió a Jesús por medio del Espíritu Santo. Así, el nacimiento de Jesucristo transmitió las buenas nuevas de Dios con nosotros. El Mesías prometido había llegado para dar salvación a la gente separada de Dios. Los ángeles en los cielos anunciaron el regreso de la gloria de Dios y paz en la tierra a los que están en el favor de Dios.

Mateo 1:21-23; 3:16-17; Lucas 1:30-55; 2:9-14; Juan 3:16; 17:1-5; Filipenses 2:5-11; Hebreos 2:17

c. Vida y enseñanza

Como un profeta hebreo, Jesús anunció la venida del reino de Dios. Pero su enseñanza era más profunda que la de otros profetas. Jesús anunció que el Reino llegará por medio de sus palabras y acciones. El sermón del monte de Jesús, intensificó el modelo de justicia para vivir en su Reino. Las parábolas revelaron significados nuevos del dominio de Dios en el mundo. Los milagros demostraron el poder de Dios por medio del Mesías. La convivencia de Jesús con los pecadores, reveló un amor que superó los límites. El Gran Mandamiento de amar a Dios y al prójimo más la Gran Comisión de hacer discípulos en todas las naciones, fueron esenciales en la vida y enseñanza de Jesús.

Mateo 5-7; 13; 11:4-6; 12:31; 22:37-39; 28:18-20; Marcos 1:15; Juan 14:10

d. Trabajo para nosotros

Jesús vino a ser el Mesías, el Salvador del mundo. En la celebración de la pascua, antes de su muerte, Jesús explicó que su cuerpo y sangre llegarían a tener un significado nuevo en la cena. La muerte del cuerpo de Jesús fue el último sacrificio para el pecado del mundo. Por medio de su sangre, la penalidad del pecado fue pagada. El amor piadoso de Dios trajo perdón. Ahora, la humanidad podía ser reconciliada con Dios. El poder de Satanás, del pecado y de la muerte fue quebrado en la victoria de Dios al levantar a Jesús de la muerte. Como Sacerdote Mayor, Jesucristo abrió el acceso a la presencia de Dios en el cielo. Ahora Jesucristo sirve como nuestro abogado y reina como nuestro Señor.

Lucas 22:14-20; Juan 1:29-31; 19:16-37; Hechos 5:29-31; Romanos 5:10-11,18-19; Colosenses 2:15-17; Hebreos 2:17; 10:20-22; 1 Timoteo 2:5; Tito 2:11-14; 1 Juan 3:8

6

Salvación

Creemos que la salvación es un don de la gracia de Dios, recibido por el arrepentimiento personal y la fe en Jesucristo como Señor y Salvador. Los creyentes tienen perdón del pecado, liberación del pecado, reconciliación con Dios y vida eterna. Los creyentes tienen confianza de su salvación si viven en fe y obediencia.

a. Don de Gracia

La salvación involucra nuestra liberación del poder de Satanás, del pecado y de la muerte, por medio de la muerte de Jesús en la cruz. De la condición desesperada, Jesús nos salvó al perdonar nuestro pecado, liberarnos del castigo, darnos un nuevo nacimiento, limpiar Nuestro corazón y adoptarnos en la familia de Dios, haciéndonos ciudadanos del cielo. Por gracia, Dios ofrece salvación y bendición a personas que no lo merecen, ni tienen la esperanza de ganarlo. Luego Dios nos da la gracia para vivir de un modo que es agradable a él.

Lucas 3:6; Romanos 5:8-11,20-21; 6:5-7; 2 Corintios 5:21; Efesios 1:5; 2:8-9

b. Arrepentimiento y fe

Dios da la bienvenida a todas las personas como pecadores distanciados que dejan sus caminos y regresan al reino de Dios. Arrepentimiento es la decisión de dirigir el corazón, la mente y las acciones del egoísmo, muriendo conscientemente al pecado. Fe es el regreso al Padre Celestial, confiando en la promesa de gracia, encontrando seguridad en la misericordia divina y decidiendo seguir a Dios por toda la vida.

2 Crónicas 7:14; Lucas 15:11-32; Juan 1:12; Hebreos 2:38-49; 3:19; Romanos 10:9-10; Gálatas 2:20; Hebreos 11:1

c. Señor y Salvador

Las personas que han llegado a Dios por medio de la fe en Jesucristo tendrán el deseo de vivir como hijos de Dios. Nuestra lealtad y obediencia completa van hacia Dios, porque él nos salvó por medio de Jesucristo. La imagen de Jesucristo se refleja en todos sus seguidores fieles. La iglesia está edificada sobre la confesión de que Jesucristo es el Señor.

Mateo 6:33; Romanos 10:9; 1 Corintios 3:11; 2 Corintios 3:18; 4:4-6; Efesios 4:11-15; Colosenses 3:10; 2 Pedro 3:18; 1 Juan 5:3-5

d. Seguridad de Salvación

Los hijos de Dios tienen la confianza de que su Padre Celestial les va a poner a salvo en su hogar eterno. Esta confianza está basada en las promesas fieles de Dios, nuestra aceptación por Cristo y la garantía del Espíritu Santo en nuestras vidas. La seguridad del perdón de Dios en nuestras vidas va crecer en cuanto la comunidad de fe afirma las evidencias de la salvación. Los hijos de Dios muestran un amor hacia Dios, una sumisión a Cristo y cualidades de vida, influidas por el Espíritu Santo.

Juan 10:28-29; 15:1-8; Romanos 8:15-16,38-39; Gálatas 5:22-23; Efesios 1:13-14; 2 Timoteo 1:12; Hebreos 10:19-25; 12:5-11; 1 Pedro 1:3-6; Juan 5:13

7

Espíritu Santo

Creemos en Dios, el Espíritu Santo que da nueva vida a todos los que han puesto su fe en Cristo. El Espíritu que habita en los creyentes, consuela, fortalece, da dones, guía y los une para realizar la misión de la iglesia.

a. Dios el Espíritu Santo

El Espíritu Santo es Dios de toda la eternidad. El Espíritu da gloria al Hijo y al Padre en la Trinidad. Por medio de los escritores inspirados en las Escrituras, el Espíritu revela los misterios de Dios. Muchas veces el Espíritu trabaja de manera sorprendente, como el Espíritu que hace nuevas cosas. Somos bendecidos por el Espíritu Santo, cuyos pensamientos, sentimientos y acciones se relacionan personalmente con nosotros. Damos gloria a Dios si reconocemos la presencia y el poder del Espíritu, obrando en el mundo.

Salmos 139:7-10; Juan 16:13-15; Hechos 5:3-4; Romanos 8:14,26; 2 Timoteo 3:16; Efesios 4:30; Hebreos 9:14

b. Donador de la Vida

En la creación, el Espíritu de Dios se movió sobre las aguas. El aliento de Dios, dio vida a Adán. El Espíritu de Dios hizo reconocer su presencia a Israel. Los profetas del Antiguo Testamento, anticiparon que el Espíritu de Dios iba a dar nacimiento a gente nueva en el nuevo pacto. Cuando el tiempo se había cumplido, María concibió a Jesús por medio del Espíritu Santo. El Espíritu de Dios levantó a Jesús de la muerte. El Espíritu descendió sobre los discípulos en el día de Pentecostés creando la Iglesia. El Espíritu tiene el poder de regenerar a las personas muertas en el pecado. En la conversión, el Espíritu bautiza al individuo, que llega a ser vivo con Dios y entra a una manera nueva de vivir. Por medio de la oración y receptividad al Espíritu, podemos experimentar un reavivamiento continuo.

Génesis 1:2; 2:7; Job 33:4; Salmos 104:30; 139:7; Joel 2:28-29; Lucas 1:35; Juan 3:3-8; Hechos 2:1-4; Romanos 8:11-17,26-27; Efesios 1:13; Tito 3:5

c. Espíritu que habita en los creyentes

El Espíritu Santo es Dios en nosotros. El Espíritu dio poder a los santos de Dios, a los sacerdotes, reyes y profetas en Israel para sus servicios. El Espíritu descendió sobre Jesús en el bautismo y le dio poder para su misión. Jesús dio el Espíritu a sus discípulos para continuar su misión en el mundo. Todos los creyentes han recibido el Espíritu Santo como un don de la nueva creación.

Mateo 3:11-16; 4:1; Lucas 4:16-21; 11:13; 12:12; Juan 20:22; Romanos 8:15-17

d. La obra del Espíritu

El Espíritu Santo representa la presencia de Jesús en la tierra, después de que Jesús ascendió al cielo. Pentecostés marcó el derramamiento del Espíritu a toda la gente. El Espíritu efectivamente convence al mundo del pecado, llama para que regresemos a Dios, revela la palabra de Dios y capacita a la gente para responder al llamamiento de Dios. El Espíritu bautiza a todos los creyentes y les hace parte del cuerpo de Cristo. Da nueva vida a los creyentes, nos adopta en la familia de Dios y nos libra del dominio del pecado. Dejarse llenar del Espíritu continuamente, nos fortifica para vivir según los propósitos de Dios. El Espíritu entra en nuestra lucha para que podamos perseverar en vivir las buenas nuevas de salvación. El Espíritu bendice la Iglesia con dones espirituales. Practicamos todos los dones de una manera que reconoce la autoridad de las Escrituras y el bien comunal de la Iglesia.

Juan 16:7-15; 3:3-8; Hechos 1:8; 2:1-4; 17-18; 1 Corintios 1:23-24; 12:4-7; Romanos 8:15; Gálatas 4:6; Efesios 1:14; 13; 5:18; 45; 2 Tesalonicenses 2:13

8

Discipulado

Creemos que seguir a Jesús como Señor en toda la vida significa que la vida cristiana está caracterizada por amor, integridad, pureza y simplicidad. La consagración del creyente a Cristo y a la iglesia entera viene siendo el modelo para discernir el nivel de participación en la sociedad.

a. Seguir a Jesús

Jesús llama a todos los creyentes para seguirle en obediencia. Por la gracia de Dios seguimos el ejemplo de Jesús, como sus seguidores. La vida y enseñanza de Jesús revelan lo que significa un discipulado fiel. Por la presencia y el poder del Espíritu Santo es posible seguir a Jesús, en el contexto de una comunidad amante y responsable de la Iglesia.

Mateo 7:21,24-27; 18:15-20; Romanos 6:11; Efesios 5:18; 1 Pedro 2:21-25; 1 Juan 3:11; 4:12-13

b. Características del Discipulado

Los creyentes siguen a Cristo como discípulos porque él los llamó para seguirle y le responden por amor. Los discípulos están caracterizados por el compromiso de amar a todos, sean amigos o enemigos. Aman con integridad, dispuestos a sufrir por lo que es justo. Los discípulos están comprometidos a la verdad en palabra y acción, donde el sí significa sí y el no es no. Están comprometidos a la pureza; no andan en los caminos mundanos. Los discípulos de Jesús constantemente viven según los valores del reino, respecto a su riqueza material. Los discípulos no son esclavos del materialismo, sino dan generosamente a los más necesitados.

Mateo 5:10-12,33-37,43-48; 6:19-33; Romanos 12:1-2; 2 Corintios 9:6-7; Filipenses 4:11-12; 1 Timoteo 6:6-12; 1 Juan 4:7-16; 2 Corintios 8

c. Compromiso a la Iglesia Global

Discípulos de Jesucristo de todas las naciones son ciudadanos del reino de Dios. Creyentes de todo el mundo se unen como testigos de la salvación que Dios ha provisto por medio de Jesucristo. Un compromiso al discipulado quiere decir que nos demos cuenta y estemos dispuestos a trabajar juntos con los hermanos y las hermanas alrededor del mundo. Estamos comprometidos a trabajar globalmente con los creyentes para predicar el evangelio a todas las naciones. Puesto que por gracia hemos recibido el don de la vida de Dios, vamos a buscar el bien de nuestros hermanos y hermanas de todas las naciones.

Mateo 5:43-48; Juan 13:3-17; 17:11; 2 Corintios 8:7; Efesios 2:11-22; Colosenses 1:6; 1 Pedro 2:9-17; Apocalipsis 5:9

d. Participación en la sociedad

La confesión de que Jesucristo es nuestro Señor forma nuestras decisiones acerca de la sociedad. Vamos a participar con personas y organizaciones que, según nuestro discernimiento, promuevan paz, justicia, reconciliación, generosidad, verdad, salud y valores de Dios. Afrontaremos a las personas y grupos que están involucrado en guerra, injusticia, racismo, codicia, engaño, plagas e impiedad. Realizamos que personas y grupos pueden tener motivos variados. Así seguimos el ejemplo de Jesús, quien se juntó con los pecadores y compartió el amor de Dios, sin hacerse pecador él mismo.

Mateo 9:10-13; Juan 17:14-21; 2 Corintios 6:14-18; 1 Timoteo 2:1-2; Santiago 4:4

9

Iglesia

Creemos que la iglesia es el cuerpo visible de los creyentes, la comunidad entera de los que han puesto su fe en Jesucristo. Los miembros de este cuerpo están reunidos en congregaciones locales y participan en las ordenanzas del bautismo de agua y de la Santa Cena.

a. Iglesia visible

La iglesia visible es el pueblo total de Dios, nacido en Pentecostés, por el bautizo del Espíritu Santo. Los creyentes entran a la Iglesia por medio del don de la salvación. Juntos estamos llamados para escuchar la palabra de Dios y obedecerla. Por medio de sus reuniones y ministerios en el mundo, la Iglesia es la representación visible de Jesús. La iglesia es la morada del Espíritu Santo. La iglesia es el pueblo que tiene poder y dones para testificar. La Iglesia expresa fidelidad a Jesucristo al reunirse regularmente en comunidades locales de creyentes para la adoración, enseñanza, comunión, testificación y servicio. Estas reuniones son signos visibles del reino piadoso de Dios en el presente y para la eternidad.

Mateo 5:13-16; 16:18; Hechos 2; Romanos 12:2-4; 1 Corintios 12:12-27; Gálatas 5:13; Efesios 4:4-6; Colosenses 3:16-17; Hebreos 10:24-25

b. Comunidad comprometida

Las iglesias están ordenadas para que los creyentes puedan adorar, reunirse y trabajar en armonía. Los creyentes que han confesado su fe en Jesucristo por medio del bautismo se comprometen a ser miembros de la congregación local. Creyentes que entran en ese compromiso pertenecen a la iglesia, expresan los fines de la Iglesia, aceptan responsabilidades por otros en la Iglesia, preguntan por la contabilidad de la Iglesia, eligen líderes para la Iglesia y sirven a la Iglesia según sus dones.

Mateo 18:15-20; Romanos 12:10-13; 15:7; 1 Corintios 12:20-27; Gálatas 6:1-10; Efesios 4:16; 1 Tesalonicenses 5:11-18; Hebreos 13:17

c. Orden del bautismo

El bautismo sirve como confesión pública y como un acto de compromiso a Jesucristo en la presencia de Dios y de la comunidad de creyentes. El bautismo está ordenado para los que han aceptado la salvación de gracia por medio de Jesucristo. Por eso, se espera el bautismo de los que tienen el deseo de realizar un compromiso público de seguir a Jesucristo. Una decisión voluntaria de seguir a Cristo en el bautismo es la condición para esa ordenanza. Después de la instrucción en la fe y la afirmación de la Iglesia los nuevos creyentes son bautizados por inmersión o derramamiento en casos especiales.

Mateo 28:19-20; Hechos 2:38; 8:35-37; Romanos 6:1-14; Gálatas 3:26-28; Tito 3:5; Hebreos 10:22; 1 Pedro 3:21

d. Orden de la Santa Cena

La Santa Cena es un acto público que hace recordar al creyente de serle fiel continuamente a Jesucristo. Al participar en el pan y el vino, los creyentes se acuerdan con agradecimiento de la muerte de Jesús en la cruz para su salvación. La Santa Cena también representa la comunión del creyente con Cristo y la unidad que los creyentes encuentran en el cuerpo de Cristo. Al tomar el pan y el vino anhelamos el banquete celestial donde, por fin, vamos a estar unidos con Dios por toda la eternidad. Animamos a los creyentes que tienen una relación buena con Cristo y con los demás, que participen corporal y regularmente en la Santa Cena.

Mateo 26:26-30; Marcos 14:22-25; Lucas 22:19-20; 1 Corintios 10:14-17; 11:23-26; Apocalipsis 19:8-9

10

Paz y Reconciliación

Creemos que Dios ofrece paz y reconciliación para toda la humanidad por la obra de Cristo en la cruz. Como seguidores de la ley de amor de Cristo confirmamos la santidad de la vida al hacer paz en situaciones personales, sociales e internacionales.

a. Paz por medio de Cristo

La Iglesia demuestra el poder de la obra de Cristo, por su vida unida. Hay varias diferencias en el pueblo de Dios, sin embargo, encontramos nuestro fundamento común en Jesucristo. Somos una comunidad de reconciliación, porque Dios intenta bendecir el mundo por medio de su pueblo. Anhelamos la unidad y la amistad porque Jesús oró que fuéramos uno. Hemos encontrado la paz con Dios por medio de Jesucristo. Ahora invitamos al mundo que participe en nuestra paz.

Juan 17:10-11,20-23; Romanos 5:10; 1 Corintios 1:10; 2 Corintios 5:16-20; Efesios 2:13-17; 4:1-6; Colosenses 1:19-23; 1 Pedro 3:8-9

b. Ley de Amor

Los seguidores de Jesucristo viven con la ley que restaura las relaciones que han sido destruidas por el pecado, la muerte y Satanás. Debemos amar a Dios con todo nuestro ser y al prójimo como a nosotros mismos. Después de recibir el amor misericordioso de Dios, tenemos la responsabilidad de compartir el amor de Dios. En la Iglesia, la ley de amor provee un modelo para apreciar diferencias, ofrecer perdón y sanar vidas quebradas. En el mundo, la ley de amor provee el impulso para moverse más allá de nuestras limitaciones. Dios nos llama para amar a las personas en nuestras comunidades; a los extranjeros que entran nuestras fronteras y a los que viven al otro lado de nuestras fronteras.

Mateo 5:43-48; Juan 13:34; 1 Corintios 13; Efesios 2:11-22; 1 Juan 4:20-21

c. Santidad de la Vida

Dios ha creado y continúa alimentando el don de la vida. Nuestras iglesias siguen siendo sitios donde la vida es respetada grandemente. Vamos a afirmar la dignidad de todas las personas, incluyendo los pre-nacidos (los bebés que están en el vientre de sus madres), los inválidos y los ancianos, para que puedan gozar del don de la vida de Dios. Únicamente vamos a apoyar los intentos de resolver conflictos internacionales que promueven justicia y preservan la vida. Vamos a apoyar el privilegio de vida para los que no cumplen la ley en la sociedad. Vamos a tratar de mejorar la calidad de vida para los pobres y las personas que están en riesgo. Vamos a proveer apoyo a las familias y personas que no tienen familias consolidadas.

Génesis 1:26; 6:7; Éxodo 10:13; Salmos 139:13-16; Proverbios 22:9; Isaías 51:4-5; Mateo 5:21-22; Juan 10:10

d. Hacer paz

La Iglesia es un embajador que llama a la gente para reconciliarse con Dios. Somos pacificadores proclamando las Buenas Nuevas de paz con Dios. Acumulamos sabiduría de paz con Dios por medio del estudio de la Palabra de Dios. Deseamos modelar la paz al buscar activamente la reconciliación de individuos y grupos dentro de la Iglesia. Apoyamos el método de resolver conflictos que no sean violentos. Animamos al gobierno que promueva justicia y compasión para con sus ciudadanos. Creemos en trabajar por la paz con métodos pacificadores hasta el punto de sufrimiento y la muerte. Presentamos las Buenas Nuevas con el amor de Cristo y como Cristo confiamos en Dios para ganar la victoria.

Mateo 5:3-12; 18:15-20; Romanos 12:14-21; 1 Corintios 6:1-11; Efesios 2:11-22

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Misión

Creemos que la misión de la iglesia es hacer discípulos en todo el mundo al proclamar las buenas nuevas de Jesucristo en evangelismo y ministerio compasivo.

a. La Iglesia y la Misión

Dios el Padre, invita a toda la gente a entrar a su reino, para aceptar la salvación en Jesucristo y a gozarse en las bendiciones del Espíritu Santo. El Espíritu Santo da poder a la Iglesia para obedecer el mandamiento de Jesús de ir y hacer discípulos en todas las naciones. La Iglesia está llamada a mandar misioneros al mundo y apoyarlos con su oración. La Iglesia va a continuar con la misión de Dios hasta el fin de las edades.

Mateo 9:37-38; 28:18-20; Hechos 1:8; 2:38-41; 13:2-3; Romanos 1:16

b. Proclamando el Evangelio

La Iglesia comunica el Evangelio por medio de palabras escritas y habladas. Proclamamos que Jesucristo es el único camino de la salvación. Por medio de la muerte y la resurrección de Jesús, los pecados son perdonados y la reconciliación con Dios está accesible. Proclamamos el Evangelio de Jesucristo por medio de celebraciones de adoración, predicaciones valientes, enseñanzas de la Biblia, oraciones de intercesión, misiones locales e internacionales.

Marcos 1:14-15; Juan 3:16; Hechos 2:22-36; 4:12; Romanos 10:13-15; 1 Corintios 1:18-25; 15:2-3

c. Viviendo el Evangelio

La Iglesia comunica el Evangelio por medio del servicio. Al servir a otros, la Iglesia personifica el amor de Cristo en el mundo. Estamos impulsados al servicio de Cristo por medio de adoración inspirada, oración ferviente, enseñanzas bíblicas y relaciones de apoyo. Servimos a otros con el amor de Cristo. Demostramos generosidad, justicia y compasión a los que están en riesgo y a los que están fuera de la sociedad. El Evangelio necesita palabras para su esclarecimiento y acciones que muestren su integridad.

Deuteronomio 24:17; Salmos 106:3; Isaías 56:1; Amós 5:28; Miqueas 6:8; Lucas 4:18-19:14:12-14; Romanos 12:6-8; Santiago 2:1-5,14-17; 1 Pedro 4:10

d. Liderazgo y Misión

Es necesario tener un liderazgo espiritual para capacitar la Iglesia a completar la misión de Dios. Siguiendo la guía del Espíritu, la Iglesia encargada va a organizar ministerios para una variedad de gente y contextos. Las congregaciones van a seguir ejemplos bíblicos para el ministerio y la selección del liderazgo. Las congregaciones por medio de oración y discernimiento van a buscar la dirección de Dios para elegir sus líderes. Los líderes de la Iglesia serán elegidos de acuerdo con su carácter y sus dones espirituales. Las congregaciones nombran y apoyan económicamente a los pastores y líderes del ministerio. Las personas que han sido llamadas al ministerio pastoral, van a ser examinados acerca de su fe, doctrina y dones, por la congregación y por la directiva de LIEAB. El ministerio del pastor va ser confirmado en un acuerdo con la congregación.

Hechos 6:1-6; 13:1-3; 14:23-28; 1 Timoteo 3:1-13; Tito 1:5-9

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Triunfo final de Cristo

Creemos en el regreso y reino de Jesucristo, la resurrección final, el juzgamiento de los injustos al infierno y una recompensa eterna para los justos en el cielo.

a. Segunda Venida de Cristo

Jesús prometió que regresaría de la misma manera que ascendió al cielo. La segunda venida de Jesucristo es nuestra esperanza basada en sus promesas. Todas las naciones van a ser testigos de ese evento visible y público. La segunda venida de Jesucristo puede pasar en cualquier momento. Mientras las señales indicando este suceso, incluyen disturbios cósmicos y sociales, no debemos preocuparnos de confrontar fechas. Los creyentes son animados a permanecer y vivir vidas santas con la expectativa de que Jesucristo regresará. Cuando Cristo regrese, él va a destruir las obras del diablo; va a establecer un reino de justicia donde reinará como rey.

Mateo 24; Marcos 13; Lucas 21; Juan 14:3; Hechos 1:11; 2 Pedro 3:10-14; Apocalipsis 1:7-8

b. Resurrección final

El último enemigo va ser vencido cuando Dios levante a toda la gente de la muerte. Dios nos dio una muestra de la victoria final sobre la muerte cuando levantó a Jesucristo de entre los muertos. La resurrección de Jesús es el fundamento de nuestra esperanza futura. Para el creyente, la resurrección final es el cumplimiento de la salvación. La vida resucitada de Cristo provee vida eterna para nosotros, porque somos unidos con él. Igualmente, como el cuerpo de Cristo, nuestros cuerpos físicos van a ser transformados a cuerpos espirituales. Los creyentes que fallecen, están seguros en la presencia de Dios. Los incrédulos que fallecen, van a ser levantados de entre los muertos para enfrentar el juicio.

Daniel 12:1-3; Juan 5:24-29; 1 Corintios 15:1-58; 2 Corintios 5:1-10; Filipenses 1:19-26; 2 Tesalonicenses 1:5-2:12; 4:16; Apocalipsis 20:4-5

c. Juicio de los incrédulos

El día del juicio ocurre a la culminación de los tiempos. Dios va a determinar el destino de la humanidad y de los seres espirituales. El padre celestial encarga el juicio a Jesucristo. El fundamento de nuestro juicio depende en lo que hemos hecho con el don de salvación que Cristo nos dio. Los incrédulos van a pasar la eternidad separados de la presencia de Dios. Estas personas junto con Satanás, demonios y muerte, van a ser mandados al infierno.

Mateo 10:28; 25:31-46; Lucas 16:19-31; Juan 5:22; Romanos 2:5-11; Apocalipsis 20:7-15; 21:8

d. Recompensa de los creyentes

En el día del juicio, el Señor Jesucristo va a recompensar a todos los creyentes por su fe en y obediencia a Dios. Todos, cuyos nombres estén inscritos en el Libro de la Vida, van a disfrutar de la presencia de Dios para siempre. En ese día, Dios va a hacer una creación nueva, donde el cielo y la tierra van a unirse en el paraíso recuperado. Los fieles van a experimentar una comunión perfecta con Cristo, en la presencia gloriosa de Dios y vida eterna por las bendiciones del Espíritu. ¡Aleluya!

Mateo 25:21-23; Romanos 14:10-12; 1 Corintios 3:11-15; 2 Corintios 5:6-10; 2 Pedro 3:10-13; Apocalipsis 19:6-9; 21:1-27; 22:1-5